
por Maxi Uceda
El viernes 9 de octubre se presento Nina Hagen en Barcelona, precisamente en la sala Razmatazz donde el punk resucitó durante casi 2 horas en la voz de Nina.
Cerca de las nueve de la noche y colmada por los restos de crestas canosas y chupines gastados que quedaban de los 70 y los 80 barceloneses, sumada a la nueva fauna punki de maquillaje y calzas compradas en los chinos, las Furias comenzaron a dar forma a la noche. La agrupación española desplegó una serie de temas adolescentes pero bien ejecutados y con una buena presencia escénica, aunque claro la banda soporte es eso, una banda que hay que soportar antes de la estrella, para que a los productores les salga a cuenta el alquiler de la sala y para que el público tenga alguien a quién escupir.
Asique luego de la presentación de Las Furias, Nina Hagen entró en escena con una guitarra acústica que parecía tres veces más grande que el menudo cuerpo de la ex No problem orchestra y se despacho con un típico cantico de iglesia que hacía referencia a Jesucristo, tópico que durante todo el show iba a seguir presente.
El concierto continuó con temas clásicos alemanes y hasta incluso ejecutaron “aquí se queda la clara”, himno al che Guevara, en un impecable alemán y un desastroso español. Pero la curiosidad si es que existe algo que no sea curioso en torno a Nina, fue su versión improvisada del Ave María, que de hecho interrumpió el ya impredecible repertorio, o por lo menos eso dejaron ver las caras de sus músicos, que por momentos no sabían si tocar, irse, o pedir medicación para la líder de la banda.
Pero Nina es y ha sido eso, un pequeño duende hiperactivo del punk, lo que dejo bien en claro cuando interpretó su versión de My Way, quizá el único momento punki de la noche, y creo que por este motivo el concierto fue más punki de lo normal. Me explico mejor, pues teniendo una sala repleta de viejos punks emperifollados para la ocasión y con toda esa gente esperando por escuchar desenfreno sonoro, Hagen, llevó adelante un repertorio cuasi operístico, manteniendo una ejecución vocal impresionante y a los presentes expectantes hasta casi 10 minutos luego del final del concierto, cuando desesperanzados de que Nina volviese a salir a tocar algo de con tres acordes, una batería epiléptica y nostalgias de fines de los 70, se decidieron por empezar a abandonar el recinto.
Esta fue la noche que vi de Nina Hagen, una ceremonia donde ella fue el sacerdote de una iglesia sin dios pero llena de viejos feligreses, que prefieren utilizar la palabra “clásicos” por no hablar de “pasados de moda” y que prefieren hablar de “tradiciones”, para quizás no pensar que el tiempo hace mucho se les pasó.
Nina Hagen es genial!!!!! incluso para el que se le ocurra que no le mola...Nina Hagen es futurista...el punk es solo un guiño...Roberto Daste Matelo
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