miércoles, 14 de octubre de 2009

Actualidad anacrónica del tiempo y el espacio.



por maxi uceda
De que Barcelona ya es por lo menos un 30 por ciento argentina no hay duda, pero lo que sucedió el sábado en Girona sinceramente fue un acontecimiento Nacional y lo digo en referencia al país del sur. Desde temprano frases célebres de la argentinidad comenzaron a resonar entre las calles de la bella Girona rumbo al palacio de los deportes de dicha ciudad. Pues ahí a partir de las 23 horas Andrés Calamaro aparecería en escena, por lo menos así prometía el ticket que con antelación había comprado.
Al llegar al recinto todo sufrió una metamorfosis sudamericana, por ejemplo: el lugar donde sería el concierto pasó de llamarse palacio de deportes a ser “la cancha”, los expendedores de frankfurts , “choripanerías”, la cerveza “porrón”, los mozos en “la yuta”, las chicas en “minas” y sus novios, en “mirá ese boludo con la minita que anda”.
A pesar del espanto que eso generaría a cualquier persona, atrevido me decidí y entré al sitio indicado a esperar los escasos minutos que faltaban para que, según el ticket, pero dependiendo de la sed que tuviese Calamaro, comenzase el concierto. Y así fue que Andrés y su colosal figura, o mejor dicho su rolliza figura comenzarán a deleitar a los presentes, no sin antes homenajear a Mercedes Sosa con una estrofa de Gracias a la Vida que interpretó a capella y que resonó entre histeria, banderas Argentinas y porros de hashís.
El concierto fue lo que debía ser, una lista de temas que recorría los clásicos más hiteros del argentino, los clásicos más de culto y los clásicos más clásicos, sin duda y en una palabra el concierto fue, clásico.
Sólo los seguidores más despistados se sorprendieron cuando Andrés desde su guitarra, que por cierto no se descolgó en todo el show, tocó "Brindo" de los Rodriguez, pero en una versión rockabilly tal como es su look actual y el de Los músicos que lo acompañan. También su estado de ánimo evidentemente estuvo influenciado por ese sentimiento rockabillero, pues no dejó de rockear guitarra en mano y muy energético todos los temas que interpretó. Una especie de Jonny Cash con los kilos de Elvis y la electricidad de Jerry lee Lewis, pero con el oído músical de calamaro claro está.
Sin duda un concierto para los nostálgicos del ritual recitalero argento y de uno de los mayores pilares que la música de ese país. Andrés Calamaro si bien ya es un clásico, no hay que olvidar lo difícil que es llegar a serlo y lo difícil que es mantenerse en ese lugar. Es un tipo que volvió de la mudez del exilio sanitario, sacó nuevos discos, llenó y llena estadios no sólo en Argentina sino que en España y demás países de habla hispana. También y sobre todo, ha sido un músico que ha sabido más de una vez que decirnos a toda una generación. Y quizás lo más importante, Andrés es una síntesis de muchas cosas que nos unen como pueblos a España y Argentina: el desenfreno por los vicios, la verborragia poética, la rima popular y las melodías pegadizas de las que sin duda nos hemos nutrido. En definitiva el argentino más español, sin NIE o sin documentos, es Andrés Calamaro.

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