
por Imanol Vergara
Lo que determina la categoría de un equipo o su momento es el nivel de la crítica. Ya sea la saña indiscriminada o el elogio indulgente. Si pusiéramos como ejemplo el tenis, una derrota ajustada de, digamos a modo de ejemplo, Horacio Zeballos ante Roger Federer produciría una elogiosa crítica a favor del primero mientras que sobre el juego del segundo se levantarían serias dudas. O, siguiendo en casos hipotéticos, una derrota en cinco sets de Federer en la final de Roland Garros ante Rafa Nadal (versión 2008, obvio) decantaría en elogios hacia el guerrero suizo que batalló durante cuatro horas ante el rey del polvo…de ladrillo (recordemos que en un momento el entrenador de Rafa no lo dejaba siquiera acariciarse un poco).
Pese a que el resultado sea taxativo, autoritario e irrefutable porque el ganador suma tres puntos y el perdedor ninguno, hay algo que el resultado no dice. El triunfo del último domingo del Barça sobre el Madrid por 1 a 0 con la volea de Ibrahimovic, no sólo significaron tres puntos para los blaugranas, la recuperación del liderazgo en La Liga y el tercer triunfo consecutivo ante el eterno rival. Si bien en la estéril tabla de merecimientos lo más justo hubiese sido el empate, en el diario del lunes el que ganó, y por goleada, fue el FC Barcelona.
Y no ganó porque los análisis lo mostraran como un equipo superior durante los 90 minutos. Por el contrario, se destaca lo peleado del clásico. Pero lo ganó en los intersticios del mensaje. Esos lugares en los que cobra un valor especial la interpretación del interlocutor.
En su editorial, el diario madridista Marca, sostuvo que: “Pocas veces una derrota deja tan buen sabor de boca como la que ha dejado el Clásico en el paladar de los madridistas. La notable imagen ofrecida por el Real Madrid en un campo tan complicado como el Camp Nou sabe a victoria a pesar del resultado final: un 1-0 que no se ajusta en absoluto a los méritos de unos y otros”. Y agrega: “Los blancos evidenciaron que pueden tutear sin complejos al Barça, incluso en su propio feudo”.
Esta editorial del diario deportivo más vendido de España, no hace más que enaltecer el presente del mejor Barça de la historia. Porque si el “Máximo castigo para el mejor Madrid” (como titula el periódico) fue perder ante un Barça nervioso y desconcentrado que se permite jugar con un hombre menos durante media hora por la tonta expulsión de Sergio Busquets y que tuvo en Puyol y Valdés a sus principales figura; quiere decir que el conjunto de Guardiola es como el Roger Federer del fútbol. Es decir, un equipo que si gana de forma ajustada levanta la imagen del “digno” rival.
Con esta lógica, es tristísimo el presente del Real Madrid. Un merengue que hizo agua en la Copa del Rey ante la murga de Alcorcón, que tiene a Kaká y Cristiano en el mismo equipo y que, sin embargo, pierde los partidos importantes como ante Sevilla, Milan y Barcelona. Sin contar una grave inestabilidad institucional con cambios de directivos a la velocidad de los cambios de ropa interior (este año pasaron ya Calderón, Boluda y Florentino) y con enroques de entrenadores temporada a temporada (Capello, Schuster, Juande Ramos y Pellegrini en la últimas tres), que no respetan los trabajos a largos plazo y cuya poca seriedad se refleja en el plano deportivo, donde dicho sea de paso hace seis años que no pasa de los octavos de final en Champions League. Un Madrid que, por caso, vende a Arbeloa por monedas y lo recompra por millones. Por todo esto, el Madrid sería una especie de Horacio Zeballos, un jugador lejos de la elite y que será noticia por perder por poco ante un top ten.
No hay que ser bobos, hay que saber leer y escuchar. Por eso no deben pasar por alto las palabras de Iker Casillas, hipercrítico de su esquipo, que consultado acerca del buen encuentro realizado por el Madrid en el Camp Nou respondió: “A mí lo que me importa es la derrota y ahora mismo me da igual haber jugado mejor”. Y admitió que se iban del estadio azulgrana con “cara de tontos”.
Si el madridismo quiere volver a ser la gran institución que ganó nueve Copas de Europa debe reinventarse desde las palabras de Casillas, no desde la crítica indulgente a la que le basta no haber vuelto a perder por 6 a 2. El Madrid, es un grande, según la FIFA el más grande del Siglo XX, por lo tanto no puede conformarse con hacerle sombra al Barça. La historia del Real Madrid, de Di Stéfano, Puskas, Gento, Butragueño, Hugo Sánchez, Zidanes y Pavones (bueno pavones no tanto) se lo merecen.. Mientras aplaudamos este milagro del fútbol llamado FC Barcelona.
Muy bueno el articulo!! Buenisimo encontrar un lugar para leerte a la distancia gordo! Abrazo desde tu ciudad!
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