
por Imanol Vergara
La belleza del fútbol como juego radica en la renovación de las esperanzas ante cada partido. Independientemente del devenir de uno u otro equipo, en cada encuentro los hinchas piensan que el match siguiente puede ser la piedra basamental para el resurgimiento de la escuadra. Dentro del academicismo periodístico, en su momento el periodista argentino Dante Panzeri (1921-1978) había definido al fútbol como “la dinámica de lo impensado”. Es decir, más allá de los pronósticos y los papeles, la magia radica en la incertidumbre de lo que pueda suceder sobre el verde césped.
Dentro de la línea de pensamiento de Panzeri, el mundo se rindió ante el maracanazo de Uruguay en el 50, la actuación de Corea del Norte en el Mundial del 66, la de Camerún en el 90; incluso equipos como Dinamarca y Grecia se consagraron campeones de Europa contra todo pronóstico en 1992 y 2004, respectivamente. Fueron hechos que rompieron los moldes, ya que nadie podía esperar esos batacazos, salvo, claro, los hinchas de cada uno esos equipos.
Así, con esos mismos ánimos los argentinos esperamos el partido del último sábado entre el equipo de Diego y España. Con ese sentimiento de que más allá de la penosa clasificación al mundial, la ausencia de un patrón de juego definido y la confusa conducción del Diez, se le podía ganar a la mejor selección del mundo (así lo indica el ranking de la FIFA) y campeona de Europa: España. Muchos creímos que este podía ser el encuentro en el que Maradona encontrara el equipo, se amigara con el público y abriera una nueva página de cara a la etapa final de preparación para Sudáfrica.
Pero no. Argentina perdió 2 a 1 y, más allá del ajustado resultado, la diferencia entre un equipo y otro fue abismal. España se llevó puesta a la Argentina. Y no desde la prepotencia de saberse local y con unas credenciales ratificadas en la excepcional eliminatoria donde ganaron todos sus partidos; sino desde el juego mismo. Con un mediocampo de ensueño, que juega a un toque con precisión y velocidad, que presiona en bloque la salida del rival, que se desdoblan en los marcajes y que tienen la casa en orden, quiero decir, Xavi juega de Xavi, Iniesta de Iniesta así como la heladera está en la cocina y la ducha en el baño.
La albiceleste, por el contrario, volvió a ser el equipo dubitativo, incapaz de elucubrar una jugada colectiva, dar más de dos pases seguidos, tener inteligencia táctica y concentración. De esa forma, la casa no está en orden. Messi no es Messi porque agarra la pelota a 60 metros del arco del rival teniendo que sortear a medio equipo y con tan sólo un jugador delante suyo, llámese Higuaín, Tevez o Agüero. Gago no es Gago porque pega más de lo que juega. Demichelis está lejos de ser el káiser que es en el Bayern Munich, porque se desconcentra y comete un penal infantil. Tampoco hay laterales confiables y Maradona no se la brinda a ninguno, nadie se siente dueño del puesto. Por las bandas ya pasaron Zanetti, Jonás, Coloccini, Ansaldi, Papa, Emiliano Insúa y la lista sigue.
Lo más triste es que el único consuelo que tenemos es el esoterismo y la cábala, eso que el escritor Rodolfo Bracelli definió como “un pacto con el más allá”. El hecho de pensar que porque a México 86 entramos por la ventana y la preparación para esa competición fue muy mala en cuanto a resultados, como ahora sucede lo mismo, el resultado final será el mismo. Eso no hace más que hablar de la ausencia de argumentos futbolísticos para sostener lo que la historia marca que hay que sostener: que Argentina es candidata. Y ni siquiera hoy podemos pensar en “ese pacto con el más allá” porque Maradona se ha vuelto de carne y hueso.
Con todo esto no me queda más que pensar que Dante Panzeri no se equivocó cunado definió al fútbol como “la dinámica de lo impensado”. Pero ustedes me dirán ¿cómo puede ser que sostenga lo que dice Panzeri cuando está manifestando que en el Vicente Calderón se dio la lógica y España le ganó con total justicia a Argentina?
Y yo responderé que el Dante del periodismo deportivo tenía razón porque lo que está sucediendo es lo impensado. Nadie jamás hubiera imaginado unos años atrás que España llegaría como máximo favorito a un Mundial y mucho menos sostenida en su juego por un mediocampo compuesto por un brasileño (Marcos Senna es titular si está bien), un vasco (Xabi Alonso) y un catalán de nacimiento (Xavi) y otro de adopción (Iniesta). Tampoco hubiéramos imaginado que la diferencia entre la Furia y la albiceleste sería tan grande dentro del campo de juego. Pero nunca, jamás de los jamases, habríamos imaginado a una Argentina, dos veces campeona del mundo, quince veces campeona de América, una vez campeona de la Copa de las Confederaciones, con dos medallas olímpicas de oro y dos de plata, como la que hoy vemos. Triste en su espíritu, pobre en los resultados, dubitativa en su liderazgo y desperdiciando al mejor jugador del mundo. Esto sí que es la dinámica de lo impensado.
Buenísimo, totalmente de acuerdo
ResponderEliminarCOMO SIEMPRE ...IMPECABLE!!!
ResponderEliminar