
por Imanol Vergara
Nadie ha ganado tanto como él. Veamos, 16 títulos de Grand Slam, 62 en general, más de 55 millones de dólares en premios (sin contar los ingresos por derechos de imagen y publicitarios), una esposa que le administra los recursos y, como si fuera poco, dio a luz a una futura pareja de dobles: las mellizas Charlene Riva y Myla Rosa Federer; por supuesto estamos hablando de Roger, su papá.
El último fin de semana Roger Federer venció al británico Andy Murray por 6-3, 6-4 y 7-6 en 2 horas y 41 minutos, y de esa forma se adjudicó el Abierto de Australia, primer Grand Slam de la temporada. Pero el hecho en sí excede la noticia. Es que con su trabajoso triunfo sobre Murray, ahora número 3 del mundo, el suizo alzó su 16º título grande, el 4º en la tierra de los canguros, luego de los obtenidos en 2004, 2006 y 2007.
Los dulces 16 del Número 1 del mundo representan el fin de una discusión que se ha mantenido durante el último lustro: ¿es Roger Federer el mejor tenista de la historia? A esta altura del año pasado la discusión persistía porque Nadal se empeñaba en hacerlo sufrir. En la final australiana de 2009, el español se imponía al helvético (triunfo nº 12 sobre 15 en finales del mallorquín sobre Roger), lo mantenía en el segundo escalafón del ranking mundial y detenía la cuenta GS de Federer en 13 títulos, sin poder superar a Sampras, dueño de 14 grandes entre 1993 y 2000. Deshauciado, el FedererExpress lloraba y aseguraba que no aguantaba más esa situación.
A partir de allí, break point y a cuidar el saque. La mano empezó a cambiar en el Master de Madrid donde el suizo se impuso a Rafa Nadal, se quitó el karma y la puesta en marcha del plan “Quiero recuperar el cetro mundial y ser el mejor tenista de la historia, aunque llore Sampras” estaba en ejecución.
Llegó Roland Garros, a título personal su única cuenta pendiente. A la sombra de “Onán” Nadal en 2006, 2007 y 2008; Federer arribó a la tierra que adoró a Gato Gaudio con “la firme intención de caldear el ambiente y armar un buen escándalo”. Sin quererlo, el sueco Robin Soderling fue el convidado de piedra, para que Roger sea Batman, y sabido es que donde manda capitán no manda marinero. Robin le impidió a Nadal obtener su 5º Rolanga y llegó a la final donde no pudo con la bomba de relojería suiza. Adiós piedra de la derrota, bienvenida piedra de la victoria y “Hola Pete, me llamo Roger y yo también tengo 14 Grand Slams”.
Pero todavía había más en la historia. Tras su decepcionante paso por París, Rafa se bajaba de Wimbledon, donde debería haber defendido la corona arrebatada al Rey Roger I en 2008. Ya más relajado, más reconciliado con su tenis, el helvético se impuso a Andy Roddick y recuperó de manera impoluta, justa y blanca como manda la historia del All England Tennis Club y con perdón de Bob Marley el título de “Rey de la hierba”. Esto significó su 15º campeonato grande, la recuperación del número 1 del ranking de la ATP y, ya de una vez por todas, la superación de la marca de Pete Sampras.
En agosto de 2009 podría haber alcanzado los dulces 16 de no haber sido por un tal Juan Martín Del Potro con ínfulas de ser el ícono tandilense más conocido, por encima de la piedra movediza. Así Federer perdió la oportunidad de alcanzar su 6ª corona de US Open, tras las obtenidas en 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008. Pero él sólo se lo tomó como un dilatador de placer, estiró el deseo y en Australia acabó con una discusión, que al menos en términos estadísticos, no resiste ningún tipo de análisis. No faltará quien diga que le falta la Copa Davis, pero eso es como pretender que el gran delantero del Milán en la década de 1990, George Weah, clasificara a Liberia a una Copa del Mundo.
Roger Federer, nacido el 8 de agosto de 1981, es el mejor tenista de la historia. De esta manera, así como en fútbol hablamos de Diego Maradona (al que no le guste que se compre un helado y lo lama), así como en basket hablamos de Michael Jordan, así como en el automovilismo (con perdón de Juan Manuel Fangio) hablamos de Michael Schumacher y en el boxeo hablamos de Cassius Clay o Mohammed Alí (cómo prefieran decirle), en tenis hablamos de ROGER FEDERER.
No te mueras nuca!
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