lunes, 30 de noviembre de 2009

Deporte y otras verdades sobre la exactitud del azar!


por Imanol Vergara
Lo que determina la categoría de un equipo o su momento es el nivel de la crítica. Ya sea la saña indiscriminada o el elogio indulgente. Si pusiéramos como ejemplo el tenis, una derrota ajustada de, digamos a modo de ejemplo, Horacio Zeballos ante Roger Federer produciría una elogiosa crítica a favor del primero mientras que sobre el juego del segundo se levantarían serias dudas. O, siguiendo en casos hipotéticos, una derrota en cinco sets de Federer en la final de Roland Garros ante Rafa Nadal (versión 2008, obvio) decantaría en elogios hacia el guerrero suizo que batalló durante cuatro horas ante el rey del polvo…de ladrillo (recordemos que en un momento el entrenador de Rafa no lo dejaba siquiera acariciarse un poco).
Pese a que el resultado sea taxativo, autoritario e irrefutable porque el ganador suma tres puntos y el perdedor ninguno, hay algo que el resultado no dice. El triunfo del último domingo del Barça sobre el Madrid por 1 a 0 con la volea de Ibrahimovic, no sólo significaron tres puntos para los blaugranas, la recuperación del liderazgo en La Liga y el tercer triunfo consecutivo ante el eterno rival. Si bien en la estéril tabla de merecimientos lo más justo hubiese sido el empate, en el diario del lunes el que ganó, y por goleada, fue el FC Barcelona.
Y no ganó porque los análisis lo mostraran como un equipo superior durante los 90 minutos. Por el contrario, se destaca lo peleado del clásico. Pero lo ganó en los intersticios del mensaje. Esos lugares en los que cobra un valor especial la interpretación del interlocutor.
En su editorial, el diario madridista Marca, sostuvo que: “Pocas veces una derrota deja tan buen sabor de boca como la que ha dejado el Clásico en el paladar de los madridistas. La notable imagen ofrecida por el Real Madrid en un campo tan complicado como el Camp Nou sabe a victoria a pesar del resultado final: un 1-0 que no se ajusta en absoluto a los méritos de unos y otros”. Y agrega: “Los blancos evidenciaron que pueden tutear sin complejos al Barça, incluso en su propio feudo”.
Esta editorial del diario deportivo más vendido de España, no hace más que enaltecer el presente del mejor Barça de la historia. Porque si el “Máximo castigo para el mejor Madrid” (como titula el periódico) fue perder ante un Barça nervioso y desconcentrado que se permite jugar con un hombre menos durante media hora por la tonta expulsión de Sergio Busquets y que tuvo en Puyol y Valdés a sus principales figura; quiere decir que el conjunto de Guardiola es como el Roger Federer del fútbol. Es decir, un equipo que si gana de forma ajustada levanta la imagen del “digno” rival.
Con esta lógica, es tristísimo el presente del Real Madrid. Un merengue que hizo agua en la Copa del Rey ante la murga de Alcorcón, que tiene a Kaká y Cristiano en el mismo equipo y que, sin embargo, pierde los partidos importantes como ante Sevilla, Milan y Barcelona. Sin contar una grave inestabilidad institucional con cambios de directivos a la velocidad de los cambios de ropa interior (este año pasaron ya Calderón, Boluda y Florentino) y con enroques de entrenadores temporada a temporada (Capello, Schuster, Juande Ramos y Pellegrini en la últimas tres), que no respetan los trabajos a largos plazo y cuya poca seriedad se refleja en el plano deportivo, donde dicho sea de paso hace seis años que no pasa de los octavos de final en Champions League. Un Madrid que, por caso, vende a Arbeloa por monedas y lo recompra por millones. Por todo esto, el Madrid sería una especie de Horacio Zeballos, un jugador lejos de la elite y que será noticia por perder por poco ante un top ten.
No hay que ser bobos, hay que saber leer y escuchar. Por eso no deben pasar por alto las palabras de Iker Casillas, hipercrítico de su esquipo, que consultado acerca del buen encuentro realizado por el Madrid en el Camp Nou respondió: “A mí lo que me importa es la derrota y ahora mismo me da igual haber jugado mejor”. Y admitió que se iban del estadio azulgrana con “cara de tontos”.
Si el madridismo quiere volver a ser la gran institución que ganó nueve Copas de Europa debe reinventarse desde las palabras de Casillas, no desde la crítica indulgente a la que le basta no haber vuelto a perder por 6 a 2. El Madrid, es un grande, según la FIFA el más grande del Siglo XX, por lo tanto no puede conformarse con hacerle sombra al Barça. La historia del Real Madrid, de Di Stéfano, Puskas, Gento, Butragueño, Hugo Sánchez, Zidanes y Pavones (bueno pavones no tanto) se lo merecen.. Mientras aplaudamos este milagro del fútbol llamado FC Barcelona.

lunes, 16 de noviembre de 2009

La Nuca hace política

Deportes y otras verdades sobre la exactitud del azar!


por Imanol Vergara
La belleza del fútbol como juego radica en la renovación de las esperanzas ante cada partido. Independientemente del devenir de uno u otro equipo, en cada encuentro los hinchas piensan que el match siguiente puede ser la piedra basamental para el resurgimiento de la escuadra. Dentro del academicismo periodístico, en su momento el periodista argentino Dante Panzeri (1921-1978) había definido al fútbol como “la dinámica de lo impensado”. Es decir, más allá de los pronósticos y los papeles, la magia radica en la incertidumbre de lo que pueda suceder sobre el verde césped.
Dentro de la línea de pensamiento de Panzeri, el mundo se rindió ante el maracanazo de Uruguay en el 50, la actuación de Corea del Norte en el Mundial del 66, la de Camerún en el 90; incluso equipos como Dinamarca y Grecia se consagraron campeones de Europa contra todo pronóstico en 1992 y 2004, respectivamente. Fueron hechos que rompieron los moldes, ya que nadie podía esperar esos batacazos, salvo, claro, los hinchas de cada uno esos equipos.
Así, con esos mismos ánimos los argentinos esperamos el partido del último sábado entre el equipo de Diego y España. Con ese sentimiento de que más allá de la penosa clasificación al mundial, la ausencia de un patrón de juego definido y la confusa conducción del Diez, se le podía ganar a la mejor selección del mundo (así lo indica el ranking de la FIFA) y campeona de Europa: España. Muchos creímos que este podía ser el encuentro en el que Maradona encontrara el equipo, se amigara con el público y abriera una nueva página de cara a la etapa final de preparación para Sudáfrica.
Pero no. Argentina perdió 2 a 1 y, más allá del ajustado resultado, la diferencia entre un equipo y otro fue abismal. España se llevó puesta a la Argentina. Y no desde la prepotencia de saberse local y con unas credenciales ratificadas en la excepcional eliminatoria donde ganaron todos sus partidos; sino desde el juego mismo. Con un mediocampo de ensueño, que juega a un toque con precisión y velocidad, que presiona en bloque la salida del rival, que se desdoblan en los marcajes y que tienen la casa en orden, quiero decir, Xavi juega de Xavi, Iniesta de Iniesta así como la heladera está en la cocina y la ducha en el baño.
La albiceleste, por el contrario, volvió a ser el equipo dubitativo, incapaz de elucubrar una jugada colectiva, dar más de dos pases seguidos, tener inteligencia táctica y concentración. De esa forma, la casa no está en orden. Messi no es Messi porque agarra la pelota a 60 metros del arco del rival teniendo que sortear a medio equipo y con tan sólo un jugador delante suyo, llámese Higuaín, Tevez o Agüero. Gago no es Gago porque pega más de lo que juega. Demichelis está lejos de ser el káiser que es en el Bayern Munich, porque se desconcentra y comete un penal infantil. Tampoco hay laterales confiables y Maradona no se la brinda a ninguno, nadie se siente dueño del puesto. Por las bandas ya pasaron Zanetti, Jonás, Coloccini, Ansaldi, Papa, Emiliano Insúa y la lista sigue.
Lo más triste es que el único consuelo que tenemos es el esoterismo y la cábala, eso que el escritor Rodolfo Bracelli definió como “un pacto con el más allá”. El hecho de pensar que porque a México 86 entramos por la ventana y la preparación para esa competición fue muy mala en cuanto a resultados, como ahora sucede lo mismo, el resultado final será el mismo. Eso no hace más que hablar de la ausencia de argumentos futbolísticos para sostener lo que la historia marca que hay que sostener: que Argentina es candidata. Y ni siquiera hoy podemos pensar en “ese pacto con el más allá” porque Maradona se ha vuelto de carne y hueso.
Con todo esto no me queda más que pensar que Dante Panzeri no se equivocó cunado definió al fútbol como “la dinámica de lo impensado”. Pero ustedes me dirán ¿cómo puede ser que sostenga lo que dice Panzeri cuando está manifestando que en el Vicente Calderón se dio la lógica y España le ganó con total justicia a Argentina?
Y yo responderé que el Dante del periodismo deportivo tenía razón porque lo que está sucediendo es lo impensado. Nadie jamás hubiera imaginado unos años atrás que España llegaría como máximo favorito a un Mundial y mucho menos sostenida en su juego por un mediocampo compuesto por un brasileño (Marcos Senna es titular si está bien), un vasco (Xabi Alonso) y un catalán de nacimiento (Xavi) y otro de adopción (Iniesta). Tampoco hubiéramos imaginado que la diferencia entre la Furia y la albiceleste sería tan grande dentro del campo de juego. Pero nunca, jamás de los jamases, habríamos imaginado a una Argentina, dos veces campeona del mundo, quince veces campeona de América, una vez campeona de la Copa de las Confederaciones, con dos medallas olímpicas de oro y dos de plata, como la que hoy vemos. Triste en su espíritu, pobre en los resultados, dubitativa en su liderazgo y desperdiciando al mejor jugador del mundo. Esto sí que es la dinámica de lo impensado.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Actualidad anacrónica del tiempo y el espacio.


por maxi uceda
Si algo nos han inculcado las religiones y la magia es la cultura de la fe ciega. Esa pereza de la razón que nos conduce al estancamiento y a la sumisión ante lo propio del oscurantismo, el destino. “Pero de que las hay las hay” y cuando el entendimiento tambalea, le Fe hace su entrada triunfal se encarna en seres que se convierten en la extensión misma de la magia y de la hechicería, en este caso, Marcus Miller.
Someterse a un concierto del quizás mejor bajista de las últimas tres décadas es indudablemente una cuestión de fe. Es increíble creer que todo lo que está pasando realmente sucede, ni el diapasón de su instrumento es consciente de los movimientos y de la perfección en la ejecución y, de tan veloces, sus manos parecen desaparecer en el ritmo y la armonía propia de la pieza, digno y ágil prestidigitador.
El concierto del miércoles de Marcus Miller no sólo fue una exhibición de fineza y exactitud, sino que sirviéndose de la improvisación, los que nos reunimos en el Palau de la música en digno ritual profano, subimos al escenario para ser testigos de la composición, duelos y el milagro del conocimiento absoluto de un género y de la música, su masa creadora. La comunión entre músicos y sus instrumentos como si los materiales; metales, plásticos y maderas se derritieran y fusionaran con la piel y sangre, biología pentagramática de los músicos que expulsan desde sus cuerpos el sonido.
Miles Davis, desde las trompetas de Christian Scott, fue el ciervo sacrificado en cada escala desarmada o en cada acorde disonante y a quién se podía imaginar sentado en la platea tomándose la cara como en la contratapa de TuTu que inmortalizara Irving Pen, con esa expresión de placer y sometimiento, como aquel que se abandona al sueño ya fatigado de tanto disfrute.
Y el sacerdote con un báculo eléctrico de seis cuerdas y con su nombre quemado en la madera, abriendo las aguas del conservadurismo e invitándonos a jugar a todos, y dejándoles en claro a los infieles, que el Jazz es la máxima expresión de la música popular y que se hizo para bailar. Y que, sobre todo, no se puede quedar sentado sino que se le debe sacar a bailar, invitar una copa e intentar conquistar.
Lo que sucedió hace dos días fue sacrificio, y quizás por eso escribo al tercer día, resucitando desde la prosa la mejor de todas las magias y la más sincera fe, aquella que está fundamentada en lo real pero a la que preferimos negarle todo contenido fáctico, para no perdernos el encanto de lo imposible.

www.marcusmiller.com

domingo, 8 de noviembre de 2009